Cantando con el virus que está de moda

Terminé el curso de producción musical con Andrew Huang y el resultado fue satisfactorio. Salieron tres canciones, dos instrumentales y una con letra, que me gustaría llevar posteriormente al estudio con los Maddevi para ver qué podemos retrabajar y pulir para nuestras nuevas canciones.

Durante el primer proyecto, Andrew te explica su flujo para componer; hasta aquí no hay muchas cosas nuevas pero aprendí un par de trucos para la mezcla. La segunda canción, muy interesante, es una composición elaborada 100% con sonidos grabados y generados por uno mismo desde cero; nada de presets ni instrumentos musicales, lo cuál derivó en una experiencia más interesante porque jamás había compuesto una canción bajo estas condiciones, algo con lo que descubrí una nueva ruta creativa que puede ser útil para cuando estamos escasos de imaginación. La tercera canción es el proyecto final del curso y es donde se aplica todo lo que aprendiste en el curso, aquí ya se habla de composición con letra y se traen a la mesa todos los recursos de los que puedas echar mano para crear tu obra.

Si bien es verdad que en algún momento me di cuenta de que casi todas las canciones que escribí en el pasado han sido temas de amor (o desamor), entendí que me hacía falta variar la temática de mis canciones para no quedarme enfrascado bajo ese concepto. Qué otra idea más inmediata que escribir una canción que hablara del encierro, de cómo hemos vivido estos meses de pandemia, así que me puse a escribir, tratando de relatar mi visión sobre las experiencias que he vivido personalmente y con otras personas cercanas alrededor de esta enfermedad, y como si fuera una especie de conjuro mágico, mientras lo hacía me enfermé de COVID-19.

Sí, una suerte de las malas. Desde marzo había estado recluido en mi casa, sin salir ni siquiera a ver a mi familia o a mis amigos, trabajando desde casa y rechazando cualquier invitación a eventos sociales de todo tipo. Sólo salía una vez cada dos o tres semanas a consulta con mi nutrióloga y de ahí a comprar los insumos para mi renovado régimen alimenticio, única excepción a mi estricto plan de surtir incluso la despensa a domicilio, y ahí fue donde me agarró.

La buena noticia fue que me agarró con las defensas bien puestas, en una etapa de ejercicio diario y buena alimentación, así que no me mandó al hospital y no pasó de los síntomas comunes de cualquier resfriado. La mala, me vi obligado a descansar mientras me recuperaba y la falta de ejercicio me hizo bajar casi cinco kilos de golpe, cuando ya estaba en mi peso ideal.

Como al principio no tuve los síntomas más típicos o característicos de la enfermedad, el médico lo confundió con influenza estacional, y tras llevar un tratamiento por pocos días, me dijo que estaría bien que continuara con mi rutina de ejercicio, cosa que mi cuerpo no aguantó y de ahí me inició un dolorcito de pecho y espalda que me orilló a tomarme mi recuperación más en serio. Y así, con este dolorcito, tuve que hacer un pequeño esfuerzo adicional para grabar las voces para mi proyecto final.

La cuota que pagué no fue tan alta, me fue bien. Este 2020 viene desatado y este fue el demonio que vino con el mes de agosto. Ahora, lo que venga.

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